19 de octubre de 2008

Amo a mi mami

A esa edad, ya Aurelia había conocido las vicisitudes de una vida austera. Trabajó desde niña y no pudo ir a la secundaria, como aún sigue siendo su sueño --hablo de esos sueños que se sostienen cuando ya somos grandes, suponiendo que fuera posible retornar en el tiempo y hacer aquellas cosas inconclusas.

Pasado el tiempo, muchas otras vicisitudes se le cruzaron, pero no hicieron mella en la inocencia de su alma aniñada --ni en su testarudez. Aurelia es inocente hasta en su más evidente culpabilidad y en todas sus fotos, en una cercana inspección de su mirar, es posible descubrir el mirar de una pícara niña, descubierta en el transcurso de una travesura. Y esto es explicable porque, en compensación por una niñez esforzada, Aurelia perseveró en seguir mirando las cosas con ojos de niña, en seguir creyendo fervientemente en la bondad de la gente, en la redención del malévolo, en el arrepentimiento, en el amor eterno.

La primera maestra de tejido que tuve fue Aurelia, quien --luego de haberse negado a aprender de su propia madre las artes del ganchillo-- decidió aprenderlo de grande... Cuando las limitaciones materiales la obligaron a vestirnos con prendas preciosas, tramadas y cosidas por sus manos... y no por un exceso de esnobismo burgués.

Por eso la amo, con todo este tejido que ella ha hecho de mi vida.

3 comentarios:

poetoso dijo...

Con las alas del alma desplegadas al viento,
desentraño la esencia de mi propia existencia
sin desfallecimiento, y me digo que puedo
como en una constante
y me muero de miedo, pero sigo adelante.

Con las alas del alma desplegadas al viento,
porque aprecio la vida en su justa medida
al amor lo reinvento, y al vivir cada instante
y al gozar cada intento, sé que alcanzo lo grande,
con las alas del alma desplegadas al viento.

Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá del asombro me levanto entre escombros
sin perder el aliento
y me voy de las sombras con algún filamento
y me subo a la alfombra con la magia de un cuento.

Con las alas del alma desplegadas al viento,
atesoro lo humano cuando tiendo las manos
a favor del encuentro por la cosa más pura,
con la cual me alimento por mi pan de ternura,
con las alas del alma desplegadas al viento.

Con las alas del alma desplegadas al viento,
ante cada noticia de estupor, de injusticia,
me desangro por dentro
y me duele la gente, su dolor, sus heridas,
porque así solamente interpreto la vida.

Con las alas del alma desplegadas al viento,
más allá de la historia, de las vidas sin gloria, sin honor ni sustento
guardaré del que escribe su mejor pensamiento
quiero amar a quien vive con las alas del alma
desplegadas al viento, al viento, al viento...

Abrujandra dijo...

Cuánta ternura amiga.

Silvita dijo...

Muy bonita la historia y dulces tus palabras,pase a saludarte,besos,Silvita.