17 de junio de 2008

Mate amargo, mate dulce, mate lavado, mate con yuyo, mate de leche...


Ningún contacto más íntimo en nuestra cultura que el de un matecito. Uno de los primeros gestos de acercamiento cuando no hay tema de qué hablar, ni siquiera de la consabida tormenta, la sequía, la corrección, la inundación, la humedá... Uno puede tener reparos en usar un baño público, en sentarse en el asiento del colectivo, puede usar preservativo cuando tiene sexo, pero no puede hacer cara de asco cuando un vecino, un colega, un compoblano, un vil desconocido le acerca un matecito espumante. Somos un pueblo de costumbres poco "higiénicas", de actitudes "de borde", de conductas "de riesgo". Precisamente, fronterizos (Misiones la todofrontera).

El mate nos sustenta en muchos aspectos. Leguas de territorio sembradas de árboles de yerba mate (hay más de pino eliotis), cientos de productores de yerba mate (decenas de secaderos que se enriquecen), miles de tomadores de mate (cebado, cocido), kilómetros de papel prensa refiriéndose a las discusiones del precio del kilo de yerba, cientos de miles de palabras gastadas en literatura (pocas bien invertidas, y demasiadas... bueno, baste este ejemplo).

Circulan por nuestras venas leyendas de tierra roja y hojas de yerba mate. Y nos reunimos periódicamente en un festejo, a recordar eso que no podemos olvidar, que nuestro propio ser no nos deja olvidar.

Mate. Yerba. Nos constituye, nos preserva, nos alimenta, nos significa.

Funda de mate en crochet tapiz (o jacquard, como le decía mi abuelita). Parte 2













Funda de mate en crochet tapiz (o jacquard, como le decía mi abuelita). Parte 1

Para enchular tu mate, necesitás algodón rústico crudo y chocolate. O crudo y negro, o crudo y beige, o beige y chocolate, o cualquier combinación que recuerde los colores del terruño. Lo otro que vas a necesitar es un ganchillo (aguja de crochet, más telúricamente) de 3,5 mm.





Mate comprado, mate curado, mate encelado

Mate Curupiso, sin enchular.

Mate Curupiso en plena escena de celos

Mate Enchulado

Mate cocido, mate cebado, mate encelado

Todo inició el sábado, cuando Curupisa salió a explorar selva en busca de regalo de día del padre, para Papá Curupiso al otro día (hijo Curupisezno muy infante para compras) (recién sábado por la tarde sobraron monedas para rápida compra).
Mate Curupiso olfateó algo y espió desde mesada, pero no vio nada. Al día siguiente, Papá Curupiso festejaba regalo besando a Curupisezno.

Mate Curupiso, con ataque de celos por recién llegado.


Mamá Curupisa con fantástica idea, corrió a consolarlo.