31 de octubre de 2013

Universo curvo / Curved universe

Cuando llega octubre, los astros comienzan a alinearse, y esto dura hasta marzo. Se alistan para la temporada en que los seres que habitamos este hogar nos reunimos a celebrar el haber nacido.
Es el ritual del cotillón: rondas, torta, juegos y saltos que se suceden bajo la quieta mirada de las guirnaldas que orbitan la celebración.


When October arrives, stars begin to aligne, and this lasts through to March. They get ready for the season when we, the beings that inhabit this home, gather to celebrate being born.
It is the ritual of cotillion*: ring around the rosey, cake, games and bouncing, all under the still look of the garlands that orbit the celebration.

14 de octubre de 2013

Dosañal


Carne rosa y glitter, tu carne mi carne
sangre que suena como 
pájaros que todos los días se posan
en santa ritas y moras 
a ver que retoñes

carne rosa y tibia
cosida a mi carne 
en labores de abrazos

se agazapan en tus entrañas
legados truncos
estertores de la risa
rebeliones gérmenes

y toda
la vorágine del ser


¡Dos Años Ya De Un Amor De Lino!







7 de octubre de 2013

Labores Literarias II: Leopoldo Alas "Clarín"

"La excelentísima señora doña Rufina de Robledo, marquesa de Vegallana, se levantaba a las doce, almorzaba, y hasta la hora de comer leía novelas o hacía crochet, sentada o echada en algún mueble del gabinete. La gran chimenea tenía lumbre desde octubre hasta mayo. De noche iba al teatro doña Rufina siempre que había función, aunque nevase o cayeran rayos; para eso tenía carruajes. Si no había teatro, y esto era muy frecuente en Vetusta, se quedaba en su gabinete donde recibía a los amigos y amigas que quisieran hablar de sus cosas, mientras ella leía periódicos satíricos con caricaturas, revistas y novelas. Sólo intervenía en la conversación para hacer alguna advertencia del género de los epigramas del Arcipreste, su buen amigo. En estas breves interrupciones, doña Rufina demostraba un gran conocimiento del mundo y un pesimismo de buen tono respecto de la virtud. Para ella no había más pecado mortal que la hipocresía; y llamaba hipócritas a todos los que no dejaban traslucir aficiones eróticas que podían no tener. Pero esto no lo admitía ella. Cuando alguno salía garante de una virtud, la Marquesa, sin separar los ojos de sus caricaturas, movía la cabeza de un lado a otro y murmuraba entre dientes postizos, como si rumiase negaciones. A veces pronunciaba claramente:
-A mí con ésas... que soy tambor de marina."