Cuando la mercería no tiene lo que necesitás
Puntadas sueltas | Del archivo de Curupisa En 2004 cosí un vestido de inspiración china y necesitaba unos alamares para cerrarlo. El problema era que no conseguía los que quería. ¿La solución? Tejerlos a crochet, por supuesto. Así surgió un pequeño tutorial que terminó formando parte del archivo de Curupisa. Una de esas soluciones que nacen de una necesidad muy concreta y después quedan disponibles para quien alguna vez se encuentre con el mismo problema. Porque a veces el crochet no empieza con un ovillo que nos enamora ni con un patrón que queremos probar. A veces empieza con algo que no encontramos en la mercería. Y ahí aparece una de las cosas que más me gustan del tejido: la posibilidad de inventar nuestras propias soluciones . Veintidós años después, vuelvo a mirar aquellos alamares y pienso que quizás sea momento de darles una nueva vida. Ver el tutorial original

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CONTRA LA MUDANZA QUE TRAEN LOS AÑOS
Pierde el sol para darte con imperio a los días
y adormece en tus venas las gracias minerales,
que guardan en la hondura de los cuerpos astrales
las magníficas formas de antiguas diosas frías.
No te agites si quieres ordenar en el pecho
la fluencia y el imperio de tu sangre futura,
arraigando en los años la espléndida locura
del halcón infinito que agoniza en tu lecho.
Escapa al tiempo duro perdiéndote en la sombra
y entre en dormidos reinos tu blancura cantada.
En esas latitudes repose tu mirada
para que sobreviva la dicha que te nombra.
No perturbes el cielo concreto y melodioso
que comienza en la altiva cabellera profunda,
si quieres dar jardines al amante amoroso
que pide claros dones a su aurora segunda.
Hunde en antros sin aire tu esplendor peregrino
y a la calma yacente dedica tu hermosura,
para que en estos versos no pese la amargura
de saberte robada por la luz y el camino.
Renuncia a la centella de la hora transitoria
y a los hechos que son las chispas del humano,
para entrar en los círculos donde muere el verano
y de piedra sensible se vuelve nuestra historia.
Imita las virtudes del diamante y la arena,
y en el íntimo aliento del pórfido te encuentre,
para que la delicia sin horas se concentre
en el cuerpo inmutable y en la forma serena.
Esconde tus fulgores del cuervo codicioso,
del monstruo sucesivo que disgrega tu imperio,
y aprende la firmeza poblada de misterio
que es costumbre del mármol, espejo del reposo.
Sobrevivan tus ojos al mundo decreciente.
Del pobre amor la súplica resuene con largueza,
para que el infinito se vuelva más clemente
y el testigo profundo te mire sin tristezas.
CARLOS MASTRONARDI
Javier me llamó, sí...Javier...me llamó, la primera vez desde que vivo acá.
Tu entrada fantástica y yo...quedo como una diosa. Además de este poema que, no se vale...me hace llorar pero ya sabés, lo lela que puedo ser.
Gracias, te extraño mucho, mucho.
Ajjj, te quiero mucho también.