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Cuando la mercería no tiene lo que necesitás

Puntadas sueltas | Del archivo de Curupisa En 2004 cosí un vestido de inspiración china y necesitaba unos alamares para cerrarlo. El problema era que no conseguía los que quería. ¿La solución? Tejerlos a crochet, por supuesto. Así surgió un pequeño tutorial que terminó formando parte del archivo de Curupisa. Una de esas soluciones que nacen de una necesidad muy concreta y después quedan disponibles para quien alguna vez se encuentre con el mismo problema. Porque a veces el crochet no empieza con un ovillo que nos enamora ni con un patrón que queremos probar. A veces empieza con algo que no encontramos en la mercería. Y ahí aparece una de las cosas que más me gustan del tejido: la posibilidad de inventar nuestras propias soluciones . Veintidós años después, vuelvo a mirar aquellos alamares y pienso que quizás sea momento de darles una nueva vida. Ver el tutorial original

Labores Literarias I: Gabriel García Márquez


   "Cuando Pietro Crespi se enteró del nuevo aplazamiento, sufrió una crisis de desilusión, pero Rebeca le dio una prueba definitiva de lealtad. «Nos fugaremos cuando tú lo dispongas», le dijo. Pietro Crespi, sin embargo, no era hombre de aventuras. Carecía del carácter impulsivo de su novia, y consideraba el respeto a la palabra empeñada como un capital que no se podía dilapidar. Entonces Rebeca recurrió a métodos más audaces. Un viento misterioso apagaba las lámparas de la sala de visita y Úrsula sorprendía a los novios besándose en la oscuridad. Pietro Crespi le daba explicaciones atolondradas sobre la mala calidad de las modernas lámparas de alquitrán y hasta ayudaba a instalar en la sala sistemas de iluminación más seguros. Pero otra vez fallaba el combustible o se atascaban las mechas, y Úrsula encontraba a Rebeca sentada en las rodillas del novio. Terminó por no aceptar ninguna explicación. Depositó en la india la responsabilidad de la panadería y se sentó en un mecedor a vigilar la visita de los novios, dispuesta a no dejarse derrotar por maniobras que ya eran viejas en su juventud. «Pobre mamá -decía Rebeca con burlona indignación, viendo bostezar a Úrsula en el sopor de las visitas-. Cuando se muera saldrá penando en ese mecedor.» Al cabo de tres meses de amores vigilados, aburrido con la lentitud de la construcción que pasaba a inspeccionar todos los días, Pietro Crespi resolvió darle al padre Nicanor el dinero que le hacía falta para terminar el templo. Amaranta no se impacientó. Mientras conversaba con las amigas que todas las tardes iban a bordar o tejer en el corredor, trataba de concebir nuevas triquiñuelas. Un error de cálculo echó a perder la que consideró más eficaz: quitar las bolitas de naftalina que Rebeca había puesto a su vestido de novia antes de guardarlo en la cómoda del dormitorio. Lo hizo cuando faltaban menos de dos meses para la terminación del templo. Pero Rebeca estaba tan impaciente ante la proximidad de la boda, que quiso preparar el vestido con más anticipación de lo que había previsto Amaranta. Al abrir la cómoda y desenvolver primero los papeles y luego el lienzo protector, encontró el raso del vestido y el punto del velo y hasta la corona de azahares pulverizados por las polillas. Aunque estaba segura de haber puesto en el envoltorio dos puñados de bolitas de naftalina, el desastre parecía tan accidental que no se atrevió a culpar a Amaranta. Faltaba menos de un mes para la boda, pero Amparo Moscote se comprometió a coser un nuevo vestido en una semana. Amaranta se sintió desfallecer el mediodía lluvioso en que Amparo entró a la casa envuelta en una espumarada de punto para hacerle a Rebeca la última prueba del vestido. Perdió la voz y un hilo de sudor helado descendió por el cauce de su espina dorsal. Durante largos meses había temblado de pavor esperando aquella hora, porque si no concebía el obstáculo definitivo para la boda de Rebeca, estaba segura de que en el último instante, cuando hubieran fallado todos los recursos de su imaginación, tendría valor para envenenaría. Esa tarde, mientras Rebeca se ahogaba de calor dentro de la coraza de raso que Amparo Moscote iba armando en su cuerpo con un millar de alfileres y una paciencia infinita, Amaranta equivocó varias veces los puntos del crochet y se pinchó el dedo con la aguja, pero decidió con espantosa frialdad que la fecha sería el último viernes antes de la boda, y el modo sería un chorro de láudano en el café.


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Cien Años de Soledad.

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Abreviaturas de los puntos de crochet

  • aum: aumento o aumentar
  • cad: cadena o cadeneta
  • dism: disminución o disminuir
  • pa doble: punto alto doble
  • pa triple: punto alto triple
  • pa: punto alto
  • pb: punto bajo
  • pma o am: punto medio alto o alto medio
  • pr: punto raso

Abbreviations for crochet stitches (US denomination)

  • ch st: chain stitch
  • dc: double crochet (US) = treble crochet (UK)
  • dec: decrease (2 st worked on different st of the base, closed together)
  • hdc: half double crochet (US) = half treble crochet (UK)
  • inc: increase (2 st on the same st of base)
  • r: row or round
  • sc: single crochet (US)
  • sl st: slip stitch
  • tc: triple crochet (US term) = double treble crochet (UK term)

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