¿Por qué nos incomoda tanto que el tejido sea “de abuelitas”?
Domesticidad, genealogía y activismo silencioso en el crochet contemporáneo
Una aclaración necesaria (y situada)
Quizás todo lo que sigue esté atravesado por una cuestión generacional. Tengo 53 años y, aunque no tenga nietes ni perspectivas concretas de tenerlos, ya entré oficialmente en la franja etaria de “abuelita potencial”. No es un dato anecdótico: la edad desde la que se piensa también organiza las preguntas que una se permite formular.
Dicho esto, este texto no busca atacar ni ridiculizar las formas contemporáneas de pensar el tejido como expresión artística, lenguaje político o herramienta de transformación cultural. Muy por el contrario: parto de compartir profundamente esa mirada. Precisamente por eso, me interesa detenerme en una incomodidad que aparece una y otra vez en los discursos tejeriles actuales.

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Una insistencia que no es nueva: internet y tejido
Desde que internet es internet —y desde que el tejido comenzó a ocupar un lugar visible en foros, blogs, plataformas y redes sociales— aparece de manera recurrente una necesidad de aclaración: el tejido no es “cosa de abuelitas”.
La fórmula se repite en distintos idiomas y registros: not your grandma’s knit, no es el crochet de tu abuela, esto no es tejido tradicional. La aclaración parece cumplir una función legitimadora: ubicar al tejido en el presente, despegarlo de la idea de antigüedad, de domesticidad, de pasado.
No se trata de una ocurrencia aislada ni de una polémica puntual, sino de una tendencia discursiva sostenida en el tiempo.
Un desplazamiento clave: no es solo de abuelas
En ese punto aparece una pregunta necesaria: ¿qué es exactamente lo que se está rechazando cuando se dice que el tejido no es de abuelitas?
Tal vez la cuestión no sea negar a las abuelas, sino marcar un límite: el tejido no es solo de abuelas. No es solo doméstico. No es solo herencia silenciosa. No es solo pasado.
Este matiz es fundamental, porque desplaza el problema de las personas a los sistemas de valor. El conflicto no parece estar en la figura de la abuela en sí, sino en todo aquello que históricamente fue asociado a lo doméstico, lo femenino y lo transmitido de generación en generación, y por eso mismo desvalorizado.
Domesticidad, género y jerarquías culturales
Desde una perspectiva feminista, no resulta sorprendente que prácticas ligadas al ámbito doméstico hayan sido consideradas menores dentro de las jerarquías culturales occidentales. Como señalan autoras como Silvia Federici o Joan Scott, el trabajo reproductivo y doméstico fue sistemáticamente invisibilizado, naturalizado y excluido del reconocimiento simbólico y económico.
El tejido, históricamente ubicado en ese espacio, hereda esa carga simbólica. No solo es antiguo: es femenino. No solo es femenino: es doméstico. No solo es doméstico: es transmitido sin institucionalización formal.
En ese cruce se explica, en parte, la urgencia por “actualizarlo”.
Genealogía reivindicada, genealogía negada
Aquí aparece una de las tensiones más interesantes del tejido contemporáneo. Muchas tejedoras e influencers apelan constantemente a la idea de genealogía: tejer como conexión con las ancestras, con la historia familiar, con los linajes femeninos.
Sin embargo, esa genealogía parece aceptable solo mientras no se la nombre en los términos que históricamente la designaron. Se reivindica el linaje, pero se rechaza la figura que lo encarna simbólicamente: la abuela.
La pregunta que emerge es incómoda, pero necesaria: ¿por qué reivindicamos la herencia, pero nos incomoda tanto su nombre?
Activismo silencioso y persistencia
En este punto resulta útil pensar el tejido desde la noción de activismo silencioso. No todo activismo tiene la posibilidad de darse de forma espectacular, ruidosa o explícitamente discursiva. Algunas prácticas políticas operan por insistencia, por continuidad, por ocupación del tiempo y del espacio.
Seguir tejiendo, seguir transmitiendo saberes no institucionalizados, seguir valorando lo manual en un mundo hiperproductivista y acelerado, constituye en sí mismo una forma de resistencia.
Reencuadrar la incomodidad
Tal vez no estemos rechazando a las abuelas, sino el lugar al que el sistema patriarcal y capitalista confinó durante siglos a todo lo que ellas representaban: cuidado, repetición, lentitud, transmisión no certificada, trabajo sin firma.
Desde esta perspectiva, el desafío no sería demostrar que el tejido no es “de abuelitas”, sino permitirnos decir que también lo es, sin que eso le quite potencia, presente ni capacidad crítica.
Una pregunta abierta
Pensar el tejido desde esta incomodidad no implica renunciar a su potencial transformador. Al contrario: lo fortalece. Reconocer sus genealogías no lo vuelve conservador; lo vuelve consciente.
Tal vez la pregunta no sea cómo despegar el tejido de las abuelas, sino cómo resignificar lo que significa, hoy, ocupar ese lugar sin pedir disculpas.
¿Preferís escuchar esta reflexión?
Si te resulta más cómodo el formato audio–video, en este episodio de Polémico Crochet desarrollo estas ideas en voz alta, con pausas, humor y preguntas abiertas.
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