7 de septiembre de 2008

Amas de casa desesperadas


Algunas son esas sombras de grandes mujeres, que viven a la sombra de sus amantes esposos. Así ocurría con Mileva.
Mileva fue una niña estudiosa, que gustaba de las matemáticas. Esforzadamente ingresó a la única institución que --allá por sus tiempos mozos, cuando el siglo XIX pasaba a ser siglo XX-- permitía a mujeres diplomarse en matemática y física. Allí conoció a un compañero que se convertiría en esposo y padre de sus hijos. Hoy hay quien, aún y a pesar de todo, afirma que Mileva era nadie. Que no brillaban sus dotes para la matemática, así que optó por lo más sencillo: quedarse en casa a cuidar de sus niños --esos niños que el amor, con aquel compañero de estudios, le trajera como presente-- y subsumirse a la brillante intelectualidad de su esposo, quien, después de todo, era un absoluto genio.
Sin embargo, como en todo barrio, rumores corren acerca de que el esposo sometía a Mileva a un estricto reglamento de convivencia, mientras le usaba ideas y trabajos. Se comenta que el esposo hasta ganó un premio importante, y que el dinero que obtuvo se lo dio a Mileva. ¿Había algo que Mileva debía callar?
Mileva tuvo una niña (de cuyo destino no se sabe absolutamente nada) y dos niños. El más pequeño era esquizofrénico. Con el tiempo, el esposo la fue dejando atrás y Mileva decidió quedarse lejos. Así vino el divorcio.
Su esposo se convirtió en el refulgente Albert Einstein.
Mileva Maric se transformó en la sombra que se pierde en la sombra.

2 comentarios:

Joana dijo...

Olá!!
Vim conhecer teu blog e me surpreendi com textos originais e inteligentes, além dos belos trabalhos. Parabéns. Beijos
Joana

Abrujandra dijo...

Gracias Joana, mérito puro de La Curupisa, ella es toda glamour e intelecto.